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#1 [One Shot]: Dos Mundos Iguales y Distintos el Miér Abr 03, 2013 3:50 pm

Explosión


Moderador
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Dos Mundos Distintos e Iguales

Ocho de Noviembre de 2.423. Yo era espectáculo de una asombrosa vista mientras intentaba llegar a un nuevo Sistema viajando aproximadamente a la velocidad de la luz. Ya lo sé, una estúpida velocidad comparando a la que se puede viajar en la Tierra o en la Luna, teniendo en cuenta que allí, simplemente la gente se teletransportaba a través de cápsulas y, en diez segundos podías estar en la otra parte del planeta. Algo me decía que, debía aumentar la velocidad de forma audaz, sin preocuparme de que el intento sea fallido. Puede que salga herido y puedo que no, tal vez pueda llegar a la impresionante rapidez de los agujeros negros. Poniendo en marcha todo y…

-Esperen, yo vengo de la escuela…- Dijo el joven despistado, mientras agarraba su mochila como si fuera un volante para conducir algún tipo de avión. Rápidamente, el desastroso joven cogió su cargada y pesada mochila de aquellos colores tan grises como la ceniza, y se puso en marcha. Sus furiosos padres le reñirían y posiblemente le pongan algún tipo de castigo injusto tras su tardía llegada a casa. Miró a su reloj, ¡las tres menos cuarto! El autobús le llegaría a las tres, y nunca estaba mal llegar antes de tiempo. Por lo que, agarró fuertemente aquel montó de libros reunidos en un objeto para transportarlo, que era como llevar piedras en la espalda, y se puso manos a la obra. Empezó a correr, como si lo hiciera por su propia vida…

Tras poner al máximo la velocidad, la nave pudo alcanzar la velocidad de un agujero negro, lo que podría crear uno y así crear la catástrofe del mundo, pero no parecía importarle a nuestro aventurero osado. Observaba que había originado un grave problema, pues todo se puso negro y nubloso. Se notó muy ligero en un pequeño momento, lo que pareció indicar como algo malo. Parecía que, empezaba a desintegrarse, por lo que empezó a reducir considerablemente la velocidad, sufriendo un pequeño choque por tal bajón. Tras tener la agilidad normal del cohete, pudo observar que un cuerpo se acercaba a toda prisa. Lo identificó como un meteorito que ardía como una gran fogata que recientemente fuera atizada, así formando un peligroso fuego que podría consumir cualquier cosa, y podría llegar a evaporar la nave donde nuestro protagonista se encontraba. Sin embargo, el héroe no era estúpido, pues hizo una acrobacia con tal de esquivar. Por desgracia, le dio en una parte, debilitando la grandiosa nave…

-¡Mierda, dentro de nada serán las tres!- Gritó desesperadamente. No podía parar en ningún momento, aunque estaba muy cansado, pero pensar en la desagradable riña que sus padres le echarían le hacían reanimar y ponerse las pilas. Faltaba poco para llegar, solo tenía que correr un poco más, un pequeño intento, como el que hace un diminuto insecto para sobrevivir las épocas de invierno blanco. Para la desgracia del chaval, se había topado con los abusones de su colegio. Eran dos, uno que se podría decir que era el líder y otro, la mosca, que ejecutaba las órdenes de su rey. El grandullón y peso pesado se trataba de un chaval con quince años, que lleva repitiendo curso bastante tiempo, como los burros de los cuentos de hadas, que aparecen con treinta tacos en los taburetes. Su esclavo, un asno más, que se dedica a calentar el asiento en clase. A pesar de ser estúpidos, ignorantes y cabezones como el fuerte viento intentando derribar casas, aunque éste no pudiera, eran realmente temibles, pues una vez provocaron el suicidio de uno de sus compañeros, llevándolos a un centro de menores, aunque aquello ya fue tiempo. El pequeño estudiante, estaba muerto de miedo…


El platillo volante estaba envuelto por las peligrosas llamas del fuego que devoraban todo lo que se acercaba sin tener ninguna piedad. El conductor, empezó a morderse los dientes de preocupación, no tenía otra cosa que salir por salir por el agujero de emergencia con un traje especial para evitar las quemaduras solares y de otras estrellas. Además, afuera haría mucho frío, aproximadamente una temperatura de -8.000 ºC, o tal vez sea todo lo contrario y haya unos 40.000 ºC, una temperatura insufrible, puesto que se encontraba en zonas inexploradas y desconocidas para el ser humano. Era lo que tenía el espacio, que no era nada predecible, aunque gracias al traje espacial, podría estar protegido de cualquier reacción. Salió por la salida, y empezó a flotar en la nada. Pudo observar su querida nave ardiendo, como si una malvada bruja la hubiera hechizado, aunque solo por unos segundos, pues tras pasar un tiempo, el transportador ya se encontraba a miles y miles quilómetros del protagonista. Ya estaba salvado, tras abandonar aquel gigantesco navío, pidió ayuda, y unos astronautas vendrían en par de segundos con un kit de ayuda.

-¿Pero qué quieren?- Preguntó el chaval asustado. Una sonrisa siniestra rodearon la cara de aquellos peligrosos jóvenes embusteros. Aquella situación era como la jaula del demonio, pues prácticamente no tenía escapatoria. Además, por la zona donde se encontraban no pasa bastante gente, permaneciendo desértica. Era su fin, o igual no. Una señora empezó a pasar por ahí, y sorprendida por la actitud de los abusones, les empezó a gritar. Esa ocasión fue perfecta y al mismo tiempo, había tenido mucha suerte. Corrió como si tuviera alas y se pudiera desplazar por el cielo a una impresionante velocidad. El reloj marcaba las tres, pero no importaba, la estación de buses estaba al lado prácticamente. Un autobús gris y al mismo tiempo con unas rayas azules claras de un tamaño estrecho pasó por la parada, y era el del protagonista. Estaba solucionado, en ese momento, se le puso una hermosa sensación en la boca, como si quisiera reír de alegría. Ya no recibiría una pesadez patatera por parte de sus padres, y otra cosa mejor, no tuvo que recibir las duras palizas de aquellos dos subnormales, según él. O más que palizas, podría haber sido algo peor.


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